La fiebre del oro transforma vidas y paisajes en Afganistán
En las praderas del noreste de Afganistán, vacas, ovejas y cabras pastan tranquilamente rodeadas de altas cumbres, pero en un valle cercano, donde decenas de excavadoras devoran la montaña, la fiebre del oro trastorna vidas y paisajes.
"Antes, el río era profundo y el agua clara. Desde que empezaron las actividades mineras, el agua está sucia (...), ya no es potable, ni siquiera podemos lavarnos con ella", cuenta Muhammad Amin, un pastor de cabras de 74 años, señalando las aguas marrones del Shiwa que fluyen entre montones de residuos.
Igualmente, el trigo no creció bien "a causa del polvo" levantado por las excavadoras, relata este habitante del pueblo de Pul-e-Ziri-Ban, acompañado de su burro.
Según cifras oficiales, cerca de 10.000 mineros trabajan en el yacimiento de Shiwa, en Badakhshan, a siete horas de la capital provincial, Faizabad, por una precaria carretera que atraviesa paisajes salvajes donde antes solo se cruzaban agricultores locales y ganaderos seminómadas.
Es una imagen de la fiebre extractiva que se apoderó de Afganistán, donde el gobierno talibán ha hecho del desarrollo minero una prioridad.
El subsuelo afgano rebosa recursos como oro, cobre o esmeraldas, con un valor de miles de millones de dólares, según estimaciones estadounidenses y de la ONU de 2013.
"Durante décadas de guerra, las minas alimentaron sobre todo a grupos armados, entre ellos el movimiento talibán, y a líderes locales vinculados a responsables gubernamentales corruptos", recuerda Fabrizio Foschini, investigador de la Red de Analistas para Afganistán.
- Fuerte aumento esperado -
Desde 2022, el sector de minas y canteras "ha registrado un crecimiento anual del 25 al 30%", y se han firmado cientos de contratos, según el Banco Mundial.
La extracción de oro se ha acelerado también en el Norte del país.
En Takhar, una empresa afgana asociada con un socio chino se adjudicó un importante contrato. En Badakhshan, fronterizo con Tayikistán, Pakistán y China, "no damos contratos a extranjeros", explica a la AFP el jefe del departamento de minas, Abdul Mateen Rahimzai.
En la actualidad, entre 650 y 700 compañías están registradas, así como miles de mineros artesanales que trabajan manualmente, añade.
Nombrado recientemente, Rahimzai ve aspectos que deben mejorarse: el año pasado, el Estado obtuvo "112 kilogramos de oro" en Badakhshan, pero algunas compañías "no estaban registradas".
"Este año esperamos diez veces más porque el sistema está en marcha" para el cobro de las regalías, agregó.
Ha ordenado el cierre de aproximadamente 225 yacimientos que causaron daños, incluso en la zona de Shiwa, donde el barro y los escombros arrastraron "un puente, tiendas y una escuela" durante una crecida del río.
Desde el derrumbe del puente, cuenta Amin, los habitantes de la otra orilla deben llevar a pie a los enfermos hasta el centro de salud dando un rodeo.
- "Una bendición" para el país -
"En una semana podemos extraer de 200 a 300 gramos de oro", afirma Mohammadullah Mubariz, gerente de una empresa cuyos propietarios son de Badakhshan.
Teniendo en cuenta los costos que generan su veintena de excavadoras, sus camiones y su centenar de empleados, además de los impuestos, asegura estar en números rojos desde abril, pero describe el oro como "una bendición" para el país.
En la obra, los obreros vienen desde todo Afganistán. A falta de empleo en sus lugares de origen, quienes fueron entrevistados por la AFP se declaran contentos con esta oportunidad.
Shafiullah Ehsas, de 32 años, conductor de excavadora, gana "25.000 afganis (330 euros)" al mes.
Una ciudad temporaria se ha formado durante los cinco meses de actividad, con gasolinera, tiendas y campamentos de tiendas de campaña donde se aloja y alimenta a los empleados.
Hasta recientemente, las compañías pagaban al Estado 20 gramos de oro por hectárea al mes.
Las nuevas normas, que aún deben ser aprobadas por parte del líder supremo, prevén que una quinta parte del oro encontrado deberá entregarse al Estado.
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S.Schwarz--BP