Sin Ortega, Rosario Murillo perdería el poder en Nicaragua, dice excomandante guerrillera
La copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, no sobrevivirá en el poder a una muerte de su esposo Daniel Ortega, afirmó la excomandante guerrillera Mónica Baltodano, en entrevista con la AFP en su exilio en Costa Rica.
Baltodano, de 71 años, luchó, igual que Ortega, en la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, izquierda) que en 1979 derrocó a la dictadura de cuatro décadas de la familia Somoza.
Despojada de su nacionalidad y bienes como cientos de críticos y opositores, debió abandonar Nicaragua en agosto de 2021 por denunciar la "deriva autoritaria" de Ortega, en el poder desde hace 18 años.
Sus cuatro hijos también están exiliados.
Opositores aseguran que Murillo, de 74 años, realiza una purga interna ante un eventual fallecimiento de Ortega, de 80 años y quien sufre lupus e insuficiencia renal.
En un pequeño y acogedor jardín de la casa decorada con fotos, cuadros y artesanías nicaragüenses, donde vive con su esposo y su perro, Baltodano comparte con AFP reflexiones sobre el futuro de Nicaragua.
- ¿Cómo vive el exilio?
"El exilio es difícil, pero en la medida en que uno es mayor se vuelve doblemente doloroso. Pensaba cuidar a mis nietos, estaba dedicada a escribir y manejaba un pequeño hostal.
Pero hemos visto la oportunidad de seguir hablando, de no callar, de denunciar, de hacer trabajo internacional. Hemos tomado fuerza para asumir el exilio también como una trinchera de lucha.
- ¿Cómo describe a los regímenes de Somoza y Ortega?
Somoza fue un genocida, pero había lucha cívica combinada con lucha armada, manifestaciones, incluso prensa.
Si Ortega se hubiera enfrentado a una lucha armada como la que libramos, sería más genocida que Somoza.
Este es un régimen más cerrado, se parece a Corea (del Norte). Usó el destierro, la desnacionalización y terminó persiguiendo de manera brutal a la Iglesia católica. Ninguna institución independiente puede existir en Nicaragua.
Cuando en las protestas de 2018 atacó manifestaciones y asesinó a jóvenes desarmados, cometió crímenes de lesa humanidad. Él y Rosario, porque ella dio órdenes también de disparar.
Entonces comparativamente este es un régimen peor que el que tuvimos que enfrentar con Somoza.
- ¿Cómo son Ortega y Murillo?
Expresan la mutación brutal de dos seres corrompidos de forma absoluta por la ambición.
Ortega no era un ser brillante, nunca fue tampoco un gran héroe. Más bien fue una persona opaca, de segundo nivel, mediocre desde el punto de vista intelectual. Está obsesionado con el poder.
Ella es una persona... yo diría malvada, muy mala, con muchos complejos de inferioridad. Odia, por ejemplo, a todos los que tenemos historia, trayectoria, porque ella no se la pudo construir por sí sola. Es una persona también muy cruel. Para mí tiene el rasgo de sociópata.
Han terminado construyendo un régimen no solo dictatorial, sino totalitario (...) Controlan todos los poderes ahora también de forma familiar (con sus hijos).
Viven en permanente desconfianza, por eso hoy tienen más presos de sus propias estructuras que opositores.
- ¿Sobreviviría Murillo a una muerte de Ortega?
Rosario no resistiría la desaparición de Ortega porque lo sigue manejando como una especie de ícono, casi elevado a nivel de deidad. Las instituciones no se le subordinarían como actualmente están.
El FSLN ya no existe como organización, como partido. Es un aparato que utiliza principalmente Murillo para vigilar, reprimir, manipular.
Y hay un potencial enorme de rebeldía en el pueblo. Se necesita crear las condiciones para la movilización interna de toda esa rebeldía que está soterrada, no sólo por la brutal expulsión de los liderazgos (disidentes), sino por el terror que impera.
- ¿Teme por su seguridad en el exilio?
Hemos tomado la represión con bastante tranquilidad para no autocastigarnos, para no autonegarnos los mínimos de una vida decente.
Como todo régimen autoritario, usa mecanismos de infiltración, vigilancia, amenazas (...) que nunca hemos dejado de recibir a través de las redes sociales, de llamadas por teléfono.
Tomamos ciertas medidas, pero no vivimos obsesionados con el miedo.
- ¿Una oposición fragmentada y exiliada puede ayudar a un cambio en Nicaragua?
La articulación de las fuerzas de la oposición, que tenemos distintos énfasis ideológico y político, se va a dar más adelante.
El momento actual debe ser el de la construcción de organización.
Después, el frente único y amplio que tendremos que crear para la transición va a venir por añadidura.
- Algunos esperan una acción de EEUU como en Venezuela ¿Qué piensa de eso?
Los nicaragüenses tenemos que ser capaces de resolver nuestros problemas, no de espaldas a la comunidad internacional, pero no como resultado de acciones intervencionistas de ninguna potencia.
- ¿Dónde se ve en sus últimos días?
En Nicaragua, estoy absolutamente segura".
K.Lehmann--BP