"Guau", exclaman los clientes de los nuevos cafés a la moda en París
En un cómodo sofá, una elegante parisina de vaporoso pelo blanco saborea hasta la última miga una galleta esponjosa en un café de moda de la capital francesa, salvo que esta clienta tiene cuatro patas y ladra.
Loulou, una pomerania, deja escapar un entusiasta "guau" después de zamparse el "Merveilleux" de cinco euros (5,90 dólares), compuesto de finas capas de puré de banana, queso crema, manzana y res.
Esta perra de un año es una cliente habitual de esta pastelería canina, donde las golosinas expuestas en un mostrador de vidrio --como "Le Mignon" en forma de corazón y hecho con batata, queso crema y arándanos-- podrían hacer salivar incluso a los humanos.
Su propietaria, la francesa Clara Zambuto, explica que adoptar a Hulk, su perro pomerania de tres años, la inspiró para abrir esta pastelería, donde los perros y sus humanos pueden darse un festín juntos.
"A menudo salía a pasear con él (...) Entrábamos en una cafetería como una buena parisina, pero él se aburría enseguida", recuerda la dueña de la Casa del Doggo, de 26 años.
"Pensé que era una pena que no hubiera lugares en París donde, mientras tomas un café rápido, puedas darle un capricho a tu mascota", afirma. "Hoy en día nuestro perro es casi como nuestro hijo, queremos poder llevarlo a todas partes", agrega.
La pastelería es uno de varios establecimientos centrados en los perros que están apareciendo en la capital francesa, donde se calcula que viven unos 100.000 canes.
- "Nada de chocolate" -
Zambuto empezó a preparar los premios en casa, antes de contar con la ayuda de un pastelero profesional. Pero sin "nada de chocolate, nada de aguacate, nada de uvas y nada de cebolla", precisa, ya que son tóxicos para los perros.
Como ocurre con los humanos, la moderación es clave para evitar un aumento excesivo de peso, según Lolita Sommaire, veterinaria especializada en nutrición canina y felina.
"Si han ido a una pastelería, hay que ajustar la siguiente comida, reducirla un poco o hacer que hagan más ejercicio", pero "si es una vez al mes, no pasa nada", explica.
En otro café para perros, estos deambulan por una terraza con bancos, y algunos mordisquean golosinas con forma de "croissant" y "baguette" que cuestan cuatro euros (4,64 dólares).
Marley, un pastor americano con boina roja, lame un postre cremoso en una copa plateada.
Para la estadounidense Rebecca Anhalt, la decisión de abrir su café Le Bone Appart, donde "los perros son los reyes", llegó después de que le impusieran una fuerte multa por dejar suelto en un parque a Napoleón, su whippet de cinco años.
"Quería crear un lugar donde la gente pudiera venir sin miedo (...) a que la regañen por tener a su perro", agrega la propietaria de este local, cuyo nombre es un juego de palabras con el apellido del emperador francés Napoleón Bonaparte.
- "Conexión" -
Aunque París cuenta con una cincuentena de parques para perros donde pueden pasear sin correa, el colectivo de asociaciones Paris Condition Canine los considera "insuficientes, desigualmente repartidos y a veces poco adaptados".
Los perros fueron incluso un tema de campaña de las elecciones municipales de marzo: el nuevo alcalde de París, Emmanuel Grégoire, les dedicó una cuenta en Instagram y su rival Rachida Dati organizó "aperitivos caninos".
Para Sarah Elgamal, la autodenominada "madre" de Loulou, las visitas a la pastelería ofrecen algo más que golosinas: son una oportunidad para estrechar lazos con su perrita.
"Mejora nuestra conexión, porque las dos estamos en un tercer lugar que no es ni el trabajo ni la casa", asegura esta farmacéutica de 32 años.
Y aunque los perros son la prioridad en su café, Anhalt subraya que muchos visitantes también acuden para socializar con otros dueños de mascotas: "Los perros son un muy buen punto de conexión".
Un cliente habitual y su perro salchicha de 17 años, recién llegados a París, vienen todos los días para "conocer gente", indica la mujer. Al fin y al cabo, "acabas hablando con cualquiera de tu perro".
B.Schmid--BP